Artículo de opinión: MOMO Y EL TIEMPO. 16/03/16

ARTÍCULO PARA ONDA CERO ALGECIRAS:  MOMO Y EL TIEMPO por Nuria Ruiz.

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“…Dentro de ti tu edad creciendo, dentro de mí mi edad andando…”. Hoy he querido empezar con los primeros versos de la Oda al tiempo de Pablo Neruda. Al leer este poema recordé un personaje que dejó una huella imborrable en mi vida, ella es la pequeña Momo de la novela Los Hombres de gris de Michael Ende. Este libro, aunque salió publicado cuando yo apenas alcanzaba los cinco años, caería en mis manos unos seis años más tarde. La portada del libro me impresionó, era algo así como imágenes psicodélicas que en mi corta existencia no entendía, aún menos podía conocer al autor, por supuesto. Me recuerdo sentada en el almacén de la librería que mi madre regentaba en la Plazoleta San Isidro, con el uniforme del colegio de las monjas y descubriendo a Momo.

Pronto empecé a hacerme amiga de ella ¡fue mi amiga imaginaria! Incluso quería parecerme a ella: tener su pelo rizado a lo afro y por supuesto quería rodearme de amigos como los suyos, amigos de los de verdad que junto a Momo querían salvar a la humanidad. ¡Es lo que tiene la infancia, que puedes imaginar tantas vidas!

Momo tiene una cualidad que la hace única y es que sabe escuchar a las personas y se toma todo el tiempo en tratar de comprender qué le pasa al otro. Es una novela tan actual que se debería introducir su lectura de forma obligatoria en los colegios. En su páginas se describe el miedo a perder el tiempo, el no saber disfrutar de pequeños momentos, la manipulación mediática de unos hombres de gris que fumaban continuamente cigarrillos y como desde la perspectiva de una niña y sus fieles amigos como Casiopea o Beppo intentan demostrar al mundo que la vida es distinta a lo que esos hombres de gris les quieren hacer ver.

Momo es un libro que nos recuerda la importancia del ser y no solo de existir, la importancia del amor, de la escucha, de recordar quienes somos sin estar supeditados a nadie. Mientras más Momos halla igual podría haber una esperanza para esta decadente sociedad. Los que crecimos con ella tenemos una forma distinta de saborear la vida, de disfrutar intensamente cada acto o cada gesto que realizamos, de amar la libertad por encima de todo, de valorar la amistad en su justa media y sobre todo, de ser menos manipulables. A Momo le debo, en parte, lo que soy hoy en día.

Termino con los sabios versos de Benedetti: “Preciso tiempo, necesito ese tiempo que otros dejan abandonado porque les sobra, o ya no saben qué hacer con él, para morir un poco y nacer enseguida…”

 

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