El Ateneo de Sabinillas acoge el recital “Voces silenciadas”, un proyecto poético por la libertad de las mujeres

27 DE FEBRERO DE 2026 – Columna personal

Hay proyectos que no nacen en un despacho, sino en el estómago. El mío comenzó el día que escuché, casi como una bofetada, las primeras noticias sobre las condiciones en las que viven hoy las mujeres en Afganistán. No fue solo la imagen del burka. Fue lo que representa cuando deja de ser elección y se convierte en imposición. Cuando deja de ser símbolo para transformarse en silencio.

Desde entonces supe que tenía que hacer algo con lo único que verdaderamente poseo: la palabra.

Así nació este proyecto personal, que ya va por su sexta edición. Un recital que empezó como una necesidad íntima y se ha convertido en una red de voces. Lo hemos celebrado dos veces en Algeciras, una en Puerto Real, en San Roque, en Estepona y ahora en Sabinillas, de la mano del Ateneo Libertario de Manilva y la Asociación ART13. Escritores y escritoras de Estepona, Sabinillas, Algeciras y Jimena han sumado sus versos a esta causa que no entiende de fronteras.

Desde Palabreando y a título personal, quiero agradecer al Ateneo Libertario de Manilva y a la Asociación ART13 su implicación generosa en este proyecto y el cuidado puesto en la organización del recital en Sabinillas. Su compromiso demuestra que la cultura, cuando se comparte, se convierte en una verdadera red de apoyo y conciencia.

Porque el burka no es solo una prenda. Y tampoco es un debate simplista sobre libertad religiosa. En algunos países se interpreta como derecho; en otros, como imposición. Lo que a mí me duele es cuando cualquier símbolo se convierte en muro. Y cuando ese muro encierra.

Pero sería ingenuo pensar que el burka es únicamente físico. Existen burkas invisibles. Internos. Sociales. Los vemos también en nuestras democracias, donde todavía hoy las mujeres siguen siendo asesinadas a manos de sus parejas. Donde la desigualdad adopta formas más sutiles, pero igual de lacerantes. La lucha no es geográfica; es estructural.

En cada presentación lo digo con claridad: queremos mandar esperanza y fuerza a través de la vibración de las palabras. Puede parecer pequeño, casi frágil, frente a una realidad tan dura. Sin embargo, la historia demuestra que la palabra precede al cambio. Que primero se nombra lo injusto y después se transforma.

En Sabinillas, el recital estuvo acompañado por el sonido del sintetizador y el hang pan, instrumentos que generaron una atmósfera casi meditativa. Las frecuencias parecían sostener cada poema, como si música y verso compartieran la misma intención: elevar, sostener, acompañar.

Contamos además con la presencia de la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Manilva, que mostró su apoyo a futuras iniciativas y abrió la posibilidad de organizar nuevos actos en Villa Matilde, residencia en su día de Blas Infante, considerado el padre de la patria andaluza. Que este proyecto pueda resonar en un espacio con esa carga simbólica no es un detalle menor: habla de memoria, de identidad y de compromiso cultural.

Este recorrido no termina en el escenario. El siguiente paso será la creación de una antología colectiva. Queremos que quede constancia escrita de este latido común. Que las mujeres —y también los hombres que entienden la igualdad como un deber ético— podamos decir, con nombres y apellidos, que no miramos hacia otro lado. Que nuestras hermanas, sean de la religión, raza o condición que sean, no están solas.

«Voces silenciadas: Poemas de libertad y resistencia» es una declaración de principios. Un proyecto que mira al futuro con la convicción de que la cultura no es adorno, sino un arma que cambia futuros inciertos.

Seguiremos llevando este recital donde nos lo pidan y nos abran la puerta. Seguiremos tejiendo redes entre municipios y colectivos. Seguiremos diciendo en voz alta lo que algunos prefieren susurrar.

Porque mientras exista un solo burka impuesto —visible o invisible—, la palabra seguirá siendo nuestra forma de resistencia.

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