Finalista en los Premios José Luis Tobalina de artículos de opinión: quince años escribiendo columnas que cuentan la vida

Marzo 2026

Hay tardes que te devuelven al origen. Que te recuerden por qué empezaste a escribir y por qué, a pesar de todo, sigues haciéndolo. La de ayer fue una de ellas.

El edificio Millán Picazo de Algeciras acogió la entrega de los Premios José Luis Tobalina de Artículos Periodísticos, correspondientes a las ediciones de 2022, 2023, 2024 y 2025. Y en medio de ese encuentro con la palabra, con el oficio y con quienes lo sostienen cada día, tuve el honor de estar entre los finalistas.

Mi artículo Remiendos, publicado en el digital Campo de Gibraltar Siglo XXI, ha sido reconocido junto al trabajo de compañeros a los que admiro profundamente. Compartir final con Juan Gaitán, ganador de la XVI edición por Santos, difuntos, y con Gloria Sánchez Grande, del diario Europa Sur, premiada en la XVII edición por Algeciras y la noche en que la cultura se quedó con hambre, es ya, en sí mismo, un reconocimiento. Son voces sólidas, necesarias, de esas que siguen creyendo en el periodismo como una forma de mirar y de contar.

El acto, organizado por el Ateneo José Román junto con la familia Tobalina, tuvo algo de homenaje y algo de reencuentro. Alejandro Tobalina, hijo del recordado periodista algecireño que da nombre a estos premios, fue el encargado de entregar los galardones en una ceremonia presentada por Juan Emilio Ríos Vera, presidente del Ateneo. También se reconoció el trabajo de los finalistas Rosario Troncoso, Paloma Fernández Gomá y Enrique Salvo Tierra, compañeros de palabra y de oficio.

Mientras escuchaba los nombres, pensaba en el camino recorrido. Más de quince años escribiendo columnas de opinión. Más de quince años intentando detener el tiempo en un párrafo, darle forma a lo cotidiano, poner luz en lo que a veces pasa desapercibido. Escribir, al final, es eso: mirar despacio cuando todo alrededor empuja a lo contrario.

Por eso, que se reconozca ese empeño —callado, constante— tiene un valor especial. Porque detrás de cada columna hay horas de duda, de búsqueda, de intentar encontrar la palabra justa. Y también hay una necesidad: la de entender el mundo, aunque sea a través de pequeñas historias.

La velada estuvo acompañada por la música de los cantautores Manolo Báez, Julia Jiménez y Juanjo Argolla, que aportaron un clima íntimo y cercano. Más que una entrega de premios, lo que se vivió fue una celebración de la palabra compartida, de ese oficio que a veces parece frágil, pero que sigue sosteniéndose gracias a quienes lo ejercen con honestidad.

Me vuelvo a casa con una emoción serena. Con la sensación de que escribir sigue teniendo sentido. Y con la certeza de que, a veces, los remiendos no solo reparan: también sostienen la memoria.

Deja un comentario. Gracias.