El oficio de mirar. Artículo: Escribir para sanar o escribir para vengarse

18/05/2026

Nuevo artículo publicado en el diario digital nacional Hoylunes.es⁠
Ha sido un placer volver a compartir reflexiones y palabras en un medio nacional que apuesta por la cultura, la opinión y la mirada humana sobre lo que vivimos.
Gracias a quienes me leen, me acompañan y siguen dedicando unos minutos a detenerse entre tanto ruido. Ojalá este nuevo texto también os haga pensar, sentir o recordar algo.
Os invito a leerlo y, si os apetece, a compartir vuestra opinión.

Por Nuria Ruiz Fdez

HoyLunes – La literatura no nace siempre de la imaginación y del dolor, como se afirma normalmente. Muchas veces nace de la ira, del deseo de venganza. Entonces, ¿se escribe para sanar o para vengarse? La respuesta aparece cuando se analiza la obra de ciertos escritores: Algunos autores encontraron en la escritura una forma de calmar el dolor, de mantenerse firme ante la adversidad. Otros utilizaron la literatura para ajustar cuentas con personas, épocas o situaciones que les marcaron profundamente. Y muchos hicieron ambas cosas al mismo tiempo.

La relación entre sufrimiento y creación literaria ha existido siempre. Basta mirar algunos nombres fundamentales de la literatura universal para comprobarlo.

Sylvia Plath convirtió su depresión y su sensación de asfixia emocional en materia literaria. Su novela La campana de cristal retrata el deterioro psicológico de una joven incapaz de encontrar su lugar en el mundo. En uno de sus fragmentos más conocidos escribe:

“Sentía que estaba sentada bajo la misma campana de cristal, sofocándome con mi propio aire”.

No es solo una imagen literaria. Es una forma de describir cómo vivía ella misma. Su escritura funcionaba como una manera de sacar afuera aquello que no podía expresar de otro modo.

Algo parecido ocurrió con Virginia Woolf. Las crisis mentales y la sensación de fragilidad atravesaron gran parte de su obra. En Las olas o La señora Dalloway aparece constantemente la preocupación por la identidad y el peso invisible del sufrimiento psicológico. Woolf no escribía únicamente para contar historias: escribía para entenderse.

 «La escritura funciona como un espejo donde el alma rota intenta, pieza a pieza, reconstruir su propio reflejo».

También Alejandra Pizarnik convirtió la angustia en literatura. Su poesía está llena de silencio, vacío y soledad. En uno de sus textos escribió:

“Escribir es buscar en el tumulto de los quemados el hueso del brazo que corresponda al hueso de la pierna”.

La frase resume bien esa idea de la escritura como reconstrucción de algo roto.

Pero escribir no siempre significa sanar. A veces también significa responder

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