11/09/2026. Por Nuria Ruiz Fdez.
El pasado jueves, el Centro Documental José Luis Cano acogió la presentación de los dos últimos libros de la escritora algecireña Rosa Romojaro, Homenajes. Imágenes. Y márgenes y Puntos de fuga. Cuaderno de Alemania. Yo no podía dejar de acudir a este encuentro.

No conocía personalmente a Rosa Romojaro, aunque hacía años que había estudiado su vida y su obra a través de un trabajo de investigación realizado para una ponencia en el Instituto de Estudios Campogibraltareños. Aquella investigación me permitió conocer mejor su trayectoria y algunos aspectos de su historia familiar, pero nunca había tenido la oportunidad de escucharla en persona. La ocasión llegó con su regreso a Algeciras para presentar dos libros muy diferentes entre sí y conversar sobre ellos ante el público que acudió al Centro Documental.
La escritora y miembro de la Asociación Colegial de Escritores, Paloma Fernández Gomá, presentó y condujo el acto. En la mesa también estuvo presente la teniente de alcalde delegada de Cultura, Pilar Pintor, en una tarde que reunió literatura, memoria y el reencuentro de Rosa Romojaro con su ciudad.
Rosa Romojaro nació en Algeciras, aunque su vida y su trayectoria profesional se desarrollaron posteriormente en Málaga. Allí ha ejercido su labor universitaria y ha construido una extensa carrera como escritora. Poeta, narradora, ensayista y estudiosa de la literatura, su nombre ocupa desde hace décadas un lugar destacado en las letras andaluzas. Sin embargo, escucharla aquella tarde me permitió dejar a un lado por un momento la relación de premios, publicaciones y reconocimientos para acercarme a la escritora desde una perspectiva mucho más cercana. Porque Rosa Romojaro hablaba de sus libros, pero también de los caminos que la habían llevado hasta ellos.
Y, mientras avanzaba la conversación, aparecieron inevitablemente los recuerdos, las experiencias y las personas que han formado parte de su vida y que, de una forma u otra, terminan encontrando su lugar en la escritura. Uno de los aspectos que más me interesó fue precisamente escucharla hablar de su proceso creativo. Había leído su obra y había estudiado su trayectoria desde fuera. Aquella tarde podía escuchar directamente a la autora explicar el origen de sus textos y compartir algunas de las circunstancias que habían acompañado su escritura.
Homenajes. Imágenes. Y márgenes responde a una de las vertientes que mejor definen la trayectoria de Rosa Romojaro: su constante relación con la literatura. El libro recoge textos nacidos del diálogo con autores, lecturas y obras que han dejado huella en su recorrido intelectual y creativo.

Rosa Romojaro ha dedicado una parte fundamental de su vida al estudio de la literatura y esa experiencia aparece también en su manera de escribir. Sus lecturas, sus investigaciones y sus propios intereses literarios han ido acompañando una obra que se ha desarrollado durante décadas y que ha transitado por distintos géneros.
Puntos de fuga. Cuaderno de Alemania conduce al lector hacia un territorio diferente. En sus páginas cobra especial importancia la experiencia de un tiempo vivido, la mirada sobre los lugares y la memoria que permanece cuando aquellos lugares ya pertenecen al pasado.

El viaje, como explicó durante el encuentro, puede convertirse con el paso del tiempo en otra forma de regreso. Las imágenes que se conservan en la memoria cambian, adquieren nuevas dimensiones y terminan formando parte de una experiencia personal que la escritura puede recuperar. Y eso fue precisamente lo que me resultó más interesante de la tarde: comprobar cómo Rosa Romojaro habla de la literatura desde la experiencia.
Su trayectoria académica y literaria resulta extensa y está avalada por importantes reconocimientos. Pero, frente al público, aparecía también la escritora que recuerda, que vuelve sobre determinados momentos de su vida y que continúa encontrando en la escritura una forma de mirar lo vivido. En ese recorrido resulta inevitable volver a Algeciras. La ciudad donde nació permanece en su historia y forma parte de esa memoria que acompaña a quien ha vivido lejos durante muchos años. También permanece el recuerdo de una época y de una familia muy vinculada a la ciudad. Su padre, el doctor Romojaro, fue una figura muy conocida en la Algeciras de su tiempo.
Para mí fue especialmente interesante escucharla desde esa perspectiva. Durante mi investigación había tenido ocasión de conocer algunos datos sobre aquellos años y sobre el entorno familiar de la escritora. Pero aquella tarde esa información quedó en un segundo plano. Lo verdaderamente interesante era escucharla a ella. Escuchar su voz, su manera de recordar y su forma de acercarse a los libros que acababa de presentar. Incluso se animó a cantar algunas de sus letras.
La presentación avanzó así entre literatura y recuerdos, entre las explicaciones sobre las dos obras y las experiencias que habían acompañado a su autora. Rosa Romojaro regresaba a Algeciras con dos nuevos libros, pero también con una trayectoria que sigue creciendo y con una relación con la escritura que continúa plenamente viva.
Cuando terminó el acto, me acerqué para saludarla. Quería conocer personalmente a aquella escritora cuya vida y obra había estudiado años atrás. Para mi sorpresa, Rosa Romojaro me reconoció. Nos hicimos unas fotografías y, en un gesto que me emocionó especialmente, me pidió un beso. Nos abrazamos. Fue un encuentro breve, apenas unos minutos, pero suficiente para poner rostro y voz a tantos años de lecturas y páginas dedicadas a conocer su trayectoria.

Al salir del Centro Documental José Luis Cano, me quedé pensando en aquel abrazo. En que, a veces, la literatura también nos acerca de una forma inesperada. Nos permite encontrarnos, reconocernos y compartir algo que va más allá de los libros. Y me quedé con la sensación de que aquel encuentro había sido solo el comienzo de una conversación que, de algún modo, había empezado años atrás entre las páginas de sus libros.
