18/06/2026
Comparto con vosotros y vosotras mi nueva columna quincenal, El oficio de mirar, publicada en el diario nacional HoyLunes.
En esta ocasión me acerco al poemario Sostener la alegría, de Sonia Aldama, un libro que nos invita a reflexionar sobre la memoria, las pérdidas, el amor y esa capacidad tan humana de seguir adelante incluso cuando la vida se resquebraja. Un recorrido poético que nos recuerda que la alegría no siempre es euforia; a veces es simplemente la valentía de continuar.
Espero que disfrutéis de la lectura y, como siempre, me encantará conocer vuestra opinión.

Por Nuria Ruiz Fdez
HoyLunes – Cuando terminé de leer Sostener la alegría, quedé exhausta con la sensación de haber recorrido un sinuoso camino, de esos que obligan a detenerse de vez en cuando, mirar atrás y decidir qué merece la pena conservar y qué conviene dejar atrás para seguir avanzando. El nuevo poemario de Sonia Aldama Muñoz habla precisamente de eso: de las pérdidas, de las grietas que deja la vida, de la memoria, del amor y de la capacidad de encontrar belleza incluso en medio de la incertidumbre.
Conozco a Sonia desde hace años. Fue mi profesora en el arte de tutorizar talleres de escritura y he seguido de cerca tanto su trayectoria literaria como su compromiso con la cultura y el feminismo. Sonia también me enseñó algo fundamental para quien escribe sobre literatura: la importancia de la objetividad y de una crítica constructiva, capaz de valorar una obra desde el análisis y no desde la complacencia. Por eso me acerco a este libro, intentando dejar a un lado la admiración personal para escuchar únicamente la voz que habita sus poemas.
Además, he tenido la suerte de compartir con ella distintos espacios literarios y profesionales a lo largo de los años, lo que me ha permitido conocer de cerca su compromiso con la escritura, la formación y la defensa de la cultura.
También fui testigo de los primeros pasos de AMEIS, la asociación que hoy reúne a escritoras e ilustradoras de toda España y de la que formo parte con orgullo. Esa mirada comprometida con la palabra y con las mujeres atraviesa buena parte de su obra, aunque nunca de manera panfletaria. Está en la forma de observar el mundo y en la manera de construir una voz poética que no se resigna al silencio.
Quizá por todo ello, tenía especial curiosidad por adentrarme en este poemario. Conocía a la profesora, a la correctora, a la mujer comprometida con la cultura y el feminismo. Me faltaba sentarme frente a la poeta y escuchar qué tenía que contarme en estas páginas.
El libro se abre con un poema significativo, “No soy lo que ves”, una auténtica declaración de intenciones. Ya en sus primeros versos aparecen algunas de las imágenes que recorrerán todo el volumen: el agua, el viento, las flores, los pájaros y, sobre todo, el mar. «A veces recuerdo todas las olas / que no decidieron quedarse / y mojo con salitre a las pavanas / adormecidas en la arena». En apenas unos versos, Sonia Aldama condensa uno de los temas centrales del poemario: aceptar que hay cosas, personas y momentos destinados a marcharse, sin convertir esa ausencia en amargura…
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