2 de junio de 2026
Comparto con vosotros mi nueva columna quincenal, El oficio de mirar, publicada en el diario nacional HoyLunes. En esta ocasión reflexiono sobre algo que conozco muy bien: cómo los talleres literarios son mucho más que un lugar donde aprender a escribir. Son espacios de encuentro, crecimiento, escucha y descubrimiento personal, donde las palabras nos ayudan a entender mejor el mundo y también a nosotros mismos.
Espero que disfrutéis de la lectura y me encantará conocer vuestra opinión.

Por Nuria Ruiz Fdez
HoyLunes –Vivimos en una época extraña. Nunca hemos tenido tantas herramientas para escribir y, sin embargo, pocas veces la escritura ha sido una actividad tan solitaria. Las redes sociales nos permiten compartir una opinión en cuestión de segundos, fotografías o pensamientos con cientos de personas al instante. Pero escribir de verdad, construir una historia o terminar una novela sigue siendo una tarea lenta, compleja y, a veces, difícil de afrontar en soledad.
Quizá por eso los talleres literarios continúan teniendo hoy más sentido que nunca.
Existe una imagen muy arraigada: la del escritor aislado, encerrado en una habitación, iluminado únicamente por su talento y capaz de crear grandes obras sin ayuda de nadie. Es una imagen romántica, atractiva incluso, pero bastante alejada de la realidad. La literatura, aunque nazca en la intimidad, rara vez se desarrolla completamente sola.
Antes de publicar una obra, hay lectores críticos, editores, profesores, compañeros de escritura, amigos que señalan errores o que hacen preguntas incómodas que obligan al autor a replantearse una escena, un personaje o incluso una novela entera.
Y eso no debería ocultarse.
Al contrario.
Reconocer la ayuda recibida no resta mérito. Lo multiplica.
A lo largo de los años he conocido a escritores que llegaron a publicar gracias al acompañamiento constante de un taller literario. Personas que comenzaron con una idea difusa, con muchas ganas de escribir, pero sin saber cómo estructurar una historia. Personas que estuvieron a punto de abandonar una novela varias veces y que encontraron en un grupo el impulso necesario para continuar.
«Escribir no consiste únicamente en tener imaginación. Escribir implica revisar, corregir, eliminar páginas enteras, aceptar críticas, aprender recursos narrativos y enfrentarse constantemente a las propias limitaciones».
Sin embargo, también he visto cómo algunos, una vez publicado su primer libro, prefieren construir el mito del autor autosuficiente. Como si admitir que alguien corrigió sus textos, cuestionó sus decisiones narrativas o les enseñó determinadas herramientas pudiera disminuir el valor de su trabajo.
No entiendo esa postura…
Seguir leyendo aquí: https://www.hoylunes.com/2026/06/02/los-talleres-literarios-mucho-mas-que-aprender-a-escribir/
